EL ANTEPENÚLTIMO GOYA

LOS GIRASOLES CIEGOSTanto el año 2008 como el 2009 (o las entregas del año 2009 y 2010) los premios Goya al guión adaptado fueron dos buenas traducciones al medio audiovisual de dos libros diferentes.

En el caso de Los girasoles ciegos, Rafael Azcona y José Luis Cuerda adaptaron los cuatro relatos que forman una unidad narrativa del libro del mismo título. Usando el mecanismo que ya les funcionó en La lengua de las mariposas (en aquélla película adaptando relatos de Manuel Rivas), Azcona y Cuerda recogen las andanzas y vicisitudes de los personajes descritos por el escritor fallecido, Alberto Méndez, y trasladan la acción desde un entorno devastado por la Guerra Civil, Madrid en el libro. Y lo trasplantan a un entorno rural gallego y con urbes húmedas y dominadas por cierto localismo. Aunque abarca las cuatro narraciones que componen el grueso de Los girasoles ciegos, los dos adaptadores cargan el peso narrativo en los personajes de la familia del “topo” encarnado por Javier Cámara, su mujer (Maribel Verdú), enlazando el cuarto relato del papel escrito con el tercero del sacerdote. También se adapta el segundo de la huida hacia la montaña de la joven pareja con el bebé. Usando el mismo procedimiento de entretejer los tres relatos en diferente orden y mezclando situaciones cronológicas que, sin embargo, son relatadas durante cuatro años consecutivos en el libro.

Lo más interesante es que siendo una adaptación fiel, que no fidedigna, del libro, la película se ve como una obra más reivindicativa, emocionante aunque demasiado cargada en la tendencia a la memoria histórica que existe en la actualidad. Pero es un producto entretenido y solvente que resulta una película buena, no magnífica, pero sí destacable.

En el caso de la novela, Alberto Méndez tiene una mirada más ecuánime con los dos bandos que se enfrentaron en el ancestral conflicto bélico que supuso la Guerra Civil. Confía más en una rabia sosegada pero que atiende tanto a los vencedores como a los vencidos y que con trazos narrativos sobrios y precisos, de vocabulario rico pero accesible, describe cuatro historias que sin pretenderlo con obviedad, sugieren muchas posibilidades para que podamos entender lo que significó la Guerra Civil y lo que debería significar para no caer en errores extremos que sigan abundando en un suceso tan terrible como inolvidable para nuestra sociedad. Quizá muchos políticos de cualquier chaqueta, debería tener este libro de cabecera para medir lo que es la paz y la Historia con mayúsculas.

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